Nuevas respuestas a las preguntas de Alain Bauer
No voy a plantearme responder a las siete preguntas una a una ya que considero que se trata de una sola planteada de siete maneras diferentes. Creo que lo que el Hermano Alain pretende es que respondamos a esa pregunta desde dos perspectivas diferentes. La perspectiva personal e intima, es decir, ¿PARA QUÉ LE ES ÚTIL LA MASONERÍA AL SER HUMANO?. La otra, más peliaguda si cabe, es la perspectiva desde el punto de vista social, es decir, ¿PARA QUÉ LE ES ÚTIL LA MASONERÍA A LA SOCIEDAD?. Y ambas preguntas situadas en un entorno temporal muy concreto: al inicio del tercer milenio.
Me gusta usar el concepto de utilidad ya que creo que si no somos capaces de encontrar esa utilidad la Masonería, como todo aquello que no la tiene, esta condenada a desaparecer. Por tanto es necesario que encontremos esa utilidad hoy y no solo eso, debemos ser capaces de entrever la que tendrá en un futuro.
Desde la perspectiva individual nuestro modo particular de comportamiento y relación, fundamentalmente en lo que a nuestros Rituales, Usos y Tradiciones se refiere, tienen o pueden tener, una utilidad esencialmente estética. Quiero decir con ello que hay Hermanos (conozco muchos) que se sienten realmente atraídos por nuestros Rituales, por nuestras Decoraciones, por nuestro Lenguaje…, y que encuentran en ellos un entorno evocador, una comodidad esencial, un retorno a casa. Son Hermanos que se mueven con naturalidad en nuestras Ceremonias, que disfrutan tanto si les toca realizar un papel protagonista en el Psicodrama como si son meros espectadores (si es que esto es posible) sentados simplemente entre columnas. La masonería para ellos es tan útil como lo es la pintura para los amantes de ella. El enamorado de la pintura disfruta ante un cuadro hermoso y nadie podría convencerle jamás de que un buen cuadro es inútil. De igual forma el enamorado de la estética masónica nunca podrá entender la inutilidad de nuestros Ritos y Tradiciones. Su utilidad, desde ese punto de vista, es ciertamente subjetiva pero incuestionable.
Por ello la Masonería tendrá siempre utilidad para todos aquellos Masones que disfruten de sus Ceremonias, de sus Ritos, de sus Costumbres y Usos y de su Lenguaje. Son, sin duda, arcaicos y fuera del tiempo. Precisamente ese estar “fuera del tiempo” hace que muchos Masones le encuentren un sentido mucho más profundo a ese bienestar esencial que les produce la estética masónica. El hecho de que nuestros Rituales continúen inalterados desde hace como poco tres siglos nos convierte en depositarios reales de una Tradición que todo parece indicar nos “asocia” y nos hace parte de un gran proyecto cuyo fin, como mínimo, es transmitir a futuras generaciones esa estética masónica tal y como nos fue encomendada.
Pero desde el punto de vista individual la Masonería también tiene, o puede tener, otra utilidad que en este caso se podría denominar como utilidad ética. Si: muchos Hermanos (también conozco a muchos) descubren, no sin dificultad y en ningún caso a la primera, que la Masonería realmente es un Método de conocimiento y perfeccionamiento.
Para llegar a esta conclusión no basta, como en el caso de la utilidad estética, con disfrutar con el Psicodrama de todos los meses. Es necesaria una postura activa para desentrañar todo el simbolismo práctico que encierran nuestros Rituales. La utilidad ética no es una utilidad evidente ni inmediata, es necesario para su descubrimiento tiempo y esfuerzo y el ser humano actual esta muy acostumbrado a la utilidad inmediata, por eso es frecuente que muchos Iniciados abandonen las filas de la Masonería, decepcionados y con sensación de haber perdido el tiempo.
El Método masónico nos pone cara a cara con nuestra propia e imperfecta realidad. Y no solo eso, además nos asegura que somos – como la piedra bruta – susceptibles de mejorar, de ser mejores hombres y mujeres siempre que acometamos la aventura ética, siempre arriesgada y difícil, de cuestionar nuestro entorno, nuestras creencias y nuestros valores; en definitiva de cuestionarnos a nosotros mismos y además de forma permanente. La aventura del Masón no es ni sencilla ni efímera, es la aventura de toda la vida.
Si la ética es una parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre y si creemos que mejorarnos a nosotros mismos es nuestra obligación, quizás la primera, entonces hemos de estar de acuerdo que la Masonería tiene una utilidad ética evidente.
Es cierto que esa utilidad ética puede ser difícil de encontrar para muchas personas, lo que no nos debe sorprender en absoluto ya que la Masonería como he dicho antes es un Método pero no el único ni seguramente el mejor, pero siempre que haya un Masón, o un profano, que tenga la sensación de que su pertenencia a la Masonería le ha servido, o puede servirle, para conocerse mejor y para ser mejor persona, la Masonería tendrá ahora y en el futuro una utilidad ética incuestionable.
Si todo lo dicho hasta ahora fuese cierto se podría concluir respondiendo a la primera pregunta diciendo que la Masonería le es útil al ser humano desde las perspectivas estética y ética. Otro problema es si la Masonería puede o no dar respuesta a las necesidades individuales del ser humano hoy día de forma generalizada.
Realmente pienso que no, pero creo que ese problema siempre ha existido. Creo que ser Masón, es decir, incorporar la ética y la estética masónica a la vida real de un ser humano siempre ha sido una excepción y cuando esta circunstancia se produce es siempre ante personas con cierto gusto por lo simbólico y además y sobre todo ante aventureros de lo ético, lo que generalmente llamamos buscadores. Y las personas que realmente son auténticos aventureros de lo ético son realmente muy escasas.
Esta circunstancia podría hoy verse agravada debido, en mi opinión, a dos circunstancias muy concretas. Primera: A la mayoría de las personas nuestra estética les parece como mínimo absurda y obsoleta, cuando no sospechosa. En referencia a esta última afirmación convendría, más pronto que tarde, acometer de una vez por todas el problema del famoso “secreto masónico”. Segunda: La ética masónica, como en esencia cualquier ética, es en estos momentos altamente peligrosa, o dicho de otra manera políticamente muy incorrecta. La uniformidad, es decir, la no individualidad, la no originalidad…, es lo que todas -o casi todas- las tendencias sociales, culturales y políticas, pretenden de una forma u otra. Pero lo peor es que la mayor parte de los seres humanos están confortablemente instalados en esa “desindividualizacion”. Por el contrario la Masonería pretende claramente que el individuo se haga consciente de su propia individualidad para tras pulirla y finalmente mejorarla proyectarla a una sociedad formada de individuos como el. Ser individuo no es fácil hoy día. Ser Masón tampoco.
Quizás por eso, quizás porqué la utilidad estética, siendo muy importante, no es suficiente, y porqué la utilidad ética no es políticamente correcta y además es inconveniente la Masonería tiene problemas en todo el mundo para plantarse ante la sociedad como lo que realmente es: un Método de conocimiento y perfeccionamiento.
Aún me queda por abordar la otra pregunta, para mi realmente peliaguda, si descarto de antemano lo evidente.
Y lo evidente es que la Masonería es útil para la sociedad si efectivamente es útil al ser humano. Es decir, sí la Masonería es el Método que algunos seres humanos han escogido para ser mejores personas es evidente que es útil a la sociedad por la sencilla razón de que sí los seres humanos que conforman una sociedad son mejores inevitablemente esa sociedad sale favorecida con la aportación de esos seres humanos.
Sin embargo quiero descartar de antemano ese razonamiento, no por falso –que no lo es -, si no porque lo que nos pregunta el H.·. Alain, seguramente con un sentimiento de añoranza culpable, tiene mucho más que ver con la faceta de la Masonería que en los pasados siglos tuvo un papel incuestionable en los cambios más significativos que tanto en lo político como en lo social han acaecido en la civilización occidental.
Todos los masones en muchas más ocasiones de las que nos hubiese gustado hemos justificado la existencia de la Masonería poniendo como ejemplo esos logros, esas ideas, que realmente fueron esenciales para el desarrollo y progreso de nuestras sociedades. Esas ideas habían nacido en nuestros Talleres, fueron pergeñadas por nuestros Hermanos en largos y a veces costosos debates y finalmente fueron “vendidas” por ellos mismos con entusiasmo a una sociedad que tardo en muchas ocasiones más tiempo del razonable en “comprarlas” .
Esos Hermanos a veces se jugaron su vida y su hacienda por esas ideas. Y a veces lo perdieron todo….. Esos Hermanos eran unos colosos, unos verdaderos héroes que a través de su trabajo, con el alimento ético derivado de su filiación masónica, con la convicción profunda de que el ser humano es capaz de utilizando la ciencia y la razón comprender el Universo, asumiendo que existe un Principio Rector que a todo da razón y sentido y con la misma divisa de la revolución Francesa, fueron capaces de cambiar su mundo. Y no solo eso, fueron capaces de hacer un proyecto de futuro para toda una sociedad.
En mi opinión el proyecto era -aún lo es- el establecimiento de una sociedad de individuos (ciudadanos), mujeres y hombres libres, iguales y solidarios en una sociedad construida con la argamasa de la ley y con un resultado inevitable: el progreso en todos sus aspectos de la sociedad y del ser humano que la constituye.
Ese fue el sueño y nuestra sociedad de hoy día es la realidad. La verdad es que las cosas no se parecen mucho al sueño, sobre todo si tenemos la valentía de mirar un poco más allá de nuestro cómodo y “tranquilo” primer mundo.
Es verdad que podemos y debemos seguir luchando por la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, sobre todo porque están aún muy lejos de ser una realidad en nuestro privilegiado entorno. En otros lugares mucho menos favorecidos la necesidad de su defensa es verdadera cuestión de vida o muerte. Sin embargo, y reitero, en nuestro entorno, defender esos ideales ha perdido toda su carga romántica, aventurera, rompedora. Ningún grupo, sea este cultural, social, político o religioso, esta, al menos públicamente, contra la idea de que el ser humano debe ilustrarse lo más y mejor que pueda. Esos mismos grupos están a favor de la igualdad de todos los seres humanos ante la ley, de que la libertad es un derecho inalienable de todas las mujeres y hombres y que una sociedad debería constituirse bajo principios solidarios y fraternales.
Definitivamente: todo el mundo occidental dice estar a favor de las ideas que han sido las señas de identidad, las ideas fuerza, de la Masonería.
Y estamos justo frente al problema. Si toda la sociedad defiende como suyos los principios que diferenciaban a la Masonería ¿Qué mensaje, qué programa, qué ideas nuevas tiene la Masonería para trasladar a la sociedad tal y como trasladó en su momento estas otras que parece que toda la sociedad ha asumido como propias?. Y el problema no es pequeño ni su planteamiento creo que esté fuera de lugar. En el mundo en el que estamos no solo es la sociedad profana la que se hace esas preguntas. No: la verdaderamente importante es que se las están haciendo los masones y generalmente no están encontrando ninguna respuesta. Eso, finalmente, es lo que nos pregunta y se pregunta el H.·. Alain.
A veces decimos para nuestra tranquilidad que el día en que los principios y valores masónicos estén extendidos por toda la tierra la Masonería no será necesaria. Lo decimos para nuestra tranquilidad ya que sabemos que su consecución es imposible, pero en mi opinión no solo lo decimos por eso. Si la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad son imposibles de conseguir en su integridad, por lo menos en el plazo de tiempo que somos capaces de vislumbrar en este momento, no parece necesario entonces plantearnos otros objetivos de progreso para el ser humano. Sin embargo esos nuevos objetivos pudiesen ser tan románticos, aventureros y rompedores como fueron en su día los planteados por nuestros Hermanos del pasado.
Esos nuevos objetivos solo pueden ser la consecuencia de dos tipos de demandas. Por un lado la demanda de nuestro entorno, es decir de la sociedad y por otro nuestra propia demanda, es decir, la demanda de los propios Masones.
Pudiera parecer que la sociedad no demanda nada de nosotros. Tampoco somos una excepción. La sociedad en la que vivimos esta cómoda en su sedación. Todo parece estar bien como está; la sociedad del bienestar ha conseguido aparentemente todos sus objetivos; todas las preguntas éticas y morales parecen tener respuesta en nuestro sistema político y social.
Sin embargo la cosa no esta tan clara. Hay nuevas situaciones que no parecen tener respuesta adecuada con los sistemas vigentes. Pensemos, por ejemplo, en la inmigración, en los avances técnicos y científicos, en la globalización, en el medio ambiente,… Podría seguir un buen rato enumerando problemas de reciente incorporación a nuestra sociedad pero creo que no merece la pena. El mundo ha cambiado innegablemente haciendo emerger problemáticas para las que nuestra sociedad aún no tiene respuestas. De todas formas eso no es lo más grave; lo verdaderamente dramático es que esos cambios se están produciendo a una velocidad vertiginosa y que una gran mayoría de seres humanos pueden carecer de capacidad de adaptación a ellos.
Por tanto, y aunque muchos individuos de nuestra sociedad no sean conscientes de ello, se nos viene, mejor dicho, se nos esta viniendo encima un nuevo mundo al que con seguridad no le van a ser suficientes las recetas que hoy resuelven y explican nuestro universo ético y moral. Por ello es necesario, y en mi opinión con urgencia, afrontar de una manera nueva los problemas éticos y morales a los que hoy nos enfrentamos y a los que nos enfrentaremos mañana. Efectivamente, por tanto, existe hoy una demanda de soluciones éticas y morales en nuestra sociedad y la Masonería podría estar, como lo hizo en el pasado, a la vanguardia en la definición de esas nuevas necesidades y en la búsqueda de las soluciones apropiadas.
Por otro lado parece evidente que cada vez es más numeroso el número de Hermanos, quizás –como he dicho antes- con nostalgia culpable, que demandan a la Masonería esa postura de liderazgo en los cambios culturales, políticos y sociales que tuvo en el pasado. Pero sinceramente creo que están equivocados. Si miramos la historia sin sentimentalismo podremos llegar con facilidad a la conclusión de que esos cambios culturales, políticos y sociales eran necesidades reales de las sociedades de su tiempo. Las Logias estaban integradas por miembros de esas sociedades pero, al igual que hoy, eran personas con unos compromisos éticos y morales inquebrantables. Y reaccionaron. Como no podía ser de otra manera.
Luego no se trata de que ante las nuevas situaciones la Masonería, como tal, tenga que redefinirse y encontrar mensajes o ideas novedosas. Son los Masones, como siempre han sido, los que, en base a sus compromisos libremente adquiridos en las distintas fases de su progreso masónico, deben afrontar con valentía los nuevos retos que nuestro tiempo trae ante nosotros.
Remedando a Kennedy podría decir que no es bueno que el Masón se pregunte que puede hacer la Masonería para influir positivamente en la Sociedad, es mucho mejor que el Masón se pregunte qué puede hacer el para mejorarse a sí mismo y con ello mejorar tanto a la Masonería como a toda la sociedad. La Masonería le proporciona al Masón un método y la garantía del respeto absoluto a su libertad de pensamiento, acción e influencia. El resto es cosa suya.
Luego la Masonería es útil a la sociedad si los Masones lo son. Y probablemente es la única respuesta. Por eso fue útil en el pasado, por eso no tenemos claro si lo somos en el presente y peor aún si llegaremos a serlo en el futuro. El método masónico existe y ha demostrado su utilidad en el pasado reiteradas veces. La necesidad de la sociedad de que hombres y mujeres libres sean capaces de afrontar los nuevos problemas a los que se enfrenta la sociedad con valentía e inteligencia es más que evidente.
Pues si el problema existe y el método también, el problema es nuestro, es decir de los Masones que quizás estemos lejos de la altura intelectual, ética y moral de nuestros Hermanos del pasado.
Otra cosas es si la Masonería necesita, puede o debe adaptarse a los tiempos. Dicen que con el paso del tiempo solo son las religiones las que permanecen invariables en lo esencial. Sin embargo en mi opinión lo único invariable en este asunto es la perenne creencia del ser humano (al menos de la mayoría) en Dios. Las religiones vehiculizan esa creencia; pero claro que varían. Han variado desde el principio de la historia y siguen haciéndolo. La Masonería no es una religión, no tiene verdades Sagradas ni Dogmas, sin embargo desde el punto de vista de sus principios esenciales probablemente ha variado menos que cualquier religión. Y la razón es muy sencilla a la vez que esencial para lo que estamos tratando y es que no tiene Dogmas.
Al igual que existe el Cristianismo, el Socialismo, el Capitalismo, y todos los ismos , no existe, o mejor dicho, no debería existir el “masonismo”. Todos los ismos , que tienen como origen la reunión de unos pocos seguidores de una idea o filosofía concreta con el fin de proyectar esa idea a otros, terminan produciendo fundamentalismos. Es decir, algunos miembros de esa filosofía pretenden ser los únicos que la han interpretado bien y el resto está equivocado. Las consecuencias de esos ismos son de todos conocidas.
La Masonería no es una religión por que no tiene masonismo, es decir no hay, ni puede haber, doctrina oficial. Todas las religiones y todas las ideologías están plagadas de principios éticos y morales que ayudan al hombre en su trabajo de mejora. La Masonería también pero tiene una cualidad verdaderamente especifica y diferenciadora. Mientras que el Cristianismo para los Cristianos es mejor que el Budismo y el Capitalismo para los Capitalistas es mejor que el Socialismo, la Masonería permite a todos estar en su seno y solo afirma que sus principios, como la historia se encarga de dejar claro a diario, son universales pero nunca excluyentes.
Esto, en mi opinión, es una seña de identidad clara y a la vez un planteamiento útil para la sociedad ya que la Masonería es capaz de ofrecerle un marco en el que los diferentes se encuentran para debatir y participar con un protocolo previo –nuestros Rituales- y con unos fines estéticos y éticos muy concretos. En Masonería los acuerdos entre diferentes son más fáciles de conseguir.
Claro que al no existir doctrina oficial es muy fácil perderse por las ramas pretendiendo cada uno establecer su propia doctrina. Si además de eso le ponemos los personalismos y si por último le añadimos la soberbia que todos, en mayor o menor medida, poseemos nos encontramos con un panorama de la Masonería como el actual. En España muchas Obediencias mal avenidas y muy pocos Masones; en el resto del mundo tampoco crece el número de Masones pero intuyo que sí el de Obediencias.
Tampoco debe sorprendernos tanto. Parece que estas cosas son consustánciales al ser humano. Podemos mirar al Cristianismo, por ejemplo, que sí tiene una doctrina oficial, y veremos con sorpresa que parece haber más “Obediencias” Cristianas que Masónicas. Me inclino a creer que el hombre, en general, es muy ineficiente a la hora de llegar a acuerdos y compromisos con aquellos que en principio piensan de manera igual o muy parecida. Solo ante grandes crisis ha sido capaz de hacerlo y no siempre.
La Masonería podría hacer algo útil en este aspecto de dos formas. Por un lado afirmando públicamente que el dialogo y el compromiso es posible, unificando su imagen pública y a la vez manteniendo las diferencias que a cada Obediencia le otorga su identidad; por tanto una Obediencia que no tenga diferencias que le otorguen identidad propia debería desaparecer. Por otro lado redefiniendo entre todos de una vez por todas el concepto de Regularidad. Esta diferencia no solo no la entiende el mundo profano; es que a estas alturas tampoco la entienden los Masones o ¿es que alguien se cree hoy día que por el solo hecho de Iniciar a Hermanas una Logia, o una Obediencia, es menos regular que otra que no lo haga?. (Creo que entre nosotros, por superado, no merece la pena gastar tiempo en esta cuestión).
Por otro lado; ¿es que el concepto que cada uno tenga del GADU es tan excluyente y justifica la situación actual?. Probablemente para muchos Hermanos si, pero precisamente a ellos quiero recordarles que muchas de las guerras más atroces han utilizado a Dios para esconder los verdaderos intereses de la guerra. Esos intereses reales siempre han tenido muy poco que ver con principios morales o éticos. Siempre han sido cuestiones de poder.
Pero volviendo al principio, ¿puede, quiere o debe adaptarse a los nuevos tiempos la Masonería?. Para mí sin ninguna duda. Debe ser capaz de adaptarse al igual que todas las cosas que han inventado los humanos. Y debe hacerlo siendo capaz de preservar todo lo que de valioso, que es mucho, se encuentra en nuestros antiguos Rituales y en nuestro mundo arquetípico y simbólico. Sin embargo debe ser capaz de adaptarse en su imagen pública a las expectativas de la sociedad pero sobre todo debe ser capaz de exigir a los Masones un compromiso mucho más activo con la Gran Obra en la que esta enfrascada toda la Humanidad.
La utilidad de la Masonería tanto ante el individuo Masón como ante el conjunto de la sociedad creo que solo depende de un factor. De los Masones. Cuanto mas mediocres seamos, cuanto menor sea nuestro compromiso con la aventura ética que en su día asumimos y cuanto menos nos preocupemos de los problemas de la sociedad a la que pertenecemos menor será la utilidad de la Masonería. Y entonces, solo entonces, nos habremos convertido en un mero “club” con intereses dispares, desde gastronómicos hasta bursátiles.
He dicho.
Al Or.·. de Lorca













